martes, 28 de julio de 2009

Aprendiendo a comer sopa con un cuchillo*, lecciones para México

 

T.E. Lawrence es mejor conocido por la interpretación que Peter O’Toole hizo de su persona en la película Lawrence de Arabia, sin embargo, poca gente conoce el trabajo de Lawrence y menos lo relaciona como uno de los primeros escritores, estudiosos y practicantes de la guerra limitada y conflictos de baja intensidad del siglo XX. Cuando en una ocasión se le preguntó a T.E. Lawrence sobre cómo derrocar a una guerrilla de insurgencia, él contestó que el proceso era similar a intentar comer sopa con un cuchillo: lento y desastroso.

 Las guerrillas de insurgencia y urbanas, como la que libraron los árabes contra los turcos a principios del siglo pasado, las fuerzas de Mao contra el poderoso Chiang Kai-shek, el FNL de Argelia contra el Estado Francés, fuerzas independentistas de Malaya (ahora Singapur) contra Gran Bretaña y las que libraron el Vietcong y actualmente pelean los talibanes en Afganistán y las tribus religiosas de Irak contra las fuerzas de Estados Unidos, son ejemplos de conflictos asimétricos, en las que un gran ejército se ve forzado a combatir contra un enemigo menor en tamaño y recursos, pero no en eficacia.

 Todos los estudios y bibliografía sobre los conflictos anteriores arrojan un común denominador: las guerrillas han ganado o van ganando. En el libro “Fiasco, la Aventura Militar de Estados Unidos en Irak” , Thomas Rick recuerda una anécdota sobre la firma de la paz en Vietnam en la que un altanero oficial del ejército americano le dice a un general del Vietcong “ustedes nunca nos pudieron vencer en el terreno de batalla” a lo que contestó el general vietnamita “eso tal vez sea cierto, pero también es irrelevante”.

 La abrumadora evidencia empírica de cómo han perdido los grandes ejércitos contra grupos insurgentes, llevó en 2003 a un grupo de oficiales de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos a replantearse las estrategias utilizadas para combatirlos. La conclusión fue, palabras más, palabras menos, que los grandes ejércitos, sujetos a una idiosincrasia militar rígida, tienen poca flexibilidad y capacidad de adaptación y aprendizaje para enfrentar retos nuevos. En castellano esto quiere decir que el ejército estadounidense no ha entendido que en la actualidad, y aún con las amenazas de Corea del Norte, Irán y algún otro bravucón, Estados Unidos muy probablemente no se verá comprometido en el futuro en una guerra contra otro estado-nación, sino contra grupos de guerrilla e insurgencia a lo largo y ancho del planeta y necesita aprender a combatirlos.

 Uno de los líderes de este grupo de militares es el Teniente Coronel Isaiah Wilson III, miembro activo de la Armada de Estados Unidos y profesor de la Academia Militar de West Point y de la Universidad de Columbia, quien alertó en 2004 de los claros riesgos de “perder” las guerras en Irak y Afganistán por falta de planeación operacional, esto es, por falta de planes sobre cómo terminar la guerra contra los grupos tribales que quedarían sueltos después de derrotar a los talibanes y a Saddam.

 Wilson habla de la incapacidad de los grandes ejércitos y en especial del de Estados Unidos, no para ganar guerras, sino para ganar la paz. Este grupo de militares lucha por cambiar las estrategias y tácticas militares actuales, por un nuevo enfoque que ellos llaman “la nueva guerra holística”, esto es, ver y pelear la guerra como un elemento complejo y total de 360 grados y no simplemente como la parte del enfrentamiento bélico en el que Estados Unidos invariablemente gana de manera abrumadora, pero que no garantiza estabilidad y paz al final de la acción militar.

En México tenemos un híbrido de narco-insurgencia, que presenta diferencias fundamentales a las guerrillas de insurgencia citadas al principio de este escrito siendo las más importantes que el crimen organizado no busca derrocar al gobierno -aunque sí ha conseguido tomar posiciones de gobierno en decenas de municipios y estados del país- y su motivo es puramente económico. Otra diferencia es que la asimetría del conflicto favorece al enemigo y no al ejército del país. El crimen organizado cuenta con más dinero y armas sofisticadas que nuestras policías y fuerzas armadas y definitivamente han puesto en entredicho el monopolio que el Ejército Mexicano debería tener sobre el uso de la fuerza en el país.

 La manera en que el Estado Mexicano esta librando esta batalla hace pensar que nuestros generales, empezando por el Primer Comandante de las Fuerzas Armadas, no han aprendido de ejércitos mucho más poderosos que el mexicano como el norteamericano, el británico y el francés, que han perdido las guerras de insurgencia –o conflictos de “baja intensidad”- que han peleado en los últimos 50 años.

 Un nuevo enfoque de guerra holística para combatir al crimen organizado en México tendría que agregar al elemento bélico una reestructura de raíz de nuestro sistema judicial, penitenciario, de la formación de nuestras policías, de educación, desarrollo económico y combate al consumo de narcóticos en el país. Necesitamos ver la guerra como un todo.  Esta estrategia de guerra, no se puede planear solamente desde Lomas de Sotelo. Corresponde a San Lázaro y a Xicoténcatl sentar las bases para que al mismo tiempo que aventamos y recibimos balas, se fortalezca la estructura del Estado Mexicano y se comience a cargar la balanza de nuestro lado y no del de los criminales.

 Si no entendemos el conflicto de esta manera y no aprendemos de las experiencias –malas por cierto- de ejércitos con tradiciones e historial bélico superiores al nuestro, estamos condenados a seguir luchando esta guerra por décadas tal vez, sin estar ganando terreno significativo al enemigo. Estamos, literalmente, aprendiendo a comer sopa con un cuchillo.

 

*El título de este escrito es también el del libro “Learning How To Eat Soup With a Knife” de John Nagl y lo utilicé por considerarlo de extraordinaria aplicación para el tema que abordé. El contenido es de autoría propia. RP

 

 

jueves, 9 de julio de 2009

Tres años en el purgatorio

Nota: No se me olvida el compromiso de enviar la nota referente a la segunda propuesta para mejorar la educación que había quedado de mandar esta semana. La tengo muy avanzada pero no pude resistir la tentación de escribir sobre el pasado proceso electoral y la lectura de algunos puntos que a mi juicio debemos tener en el radar.

 

No creo que tenga sentido explicar lo que ya todos hemos visto, leído y escuchado en los días posteriores a las elecciones: el PAN perdió. Creo que hay que poner atención a algunos puntos que podemos equivocadamente pasar por alto. Hay lecciones que aprender y acciones que tomar, sobretodo por el PRI y por el PAN que dada la nueva configuración política post electoral -y si el PRD se sigue hundiendo- han quedado al frente de un sistema prácticamente bipartidista.

 La principal lección la tendría que aprender el PAN. Frank Luntz, estratega y encuestador del Partido Republicano en Estados Unidos escribió el libro “Words That Work: It’s Not What You Say, It’s What People Hear” (“Palabras que funcionan: no es lo que tú dices, es lo que la gente escucha”) que parece que fue el libro de bolsillo del Partido Verde para esta campaña. No importa la sarta de tonterías que tú digas, importa lo que tu audiencia escuche. Inglés y computación, bonos para medicinas y pena de muerte. Tómenla. Sencillito y directo. Aunque en lo personal considero al Partido Verde dentro de lo más bajo de lo bajo, tengo que aceptar que su estrategia de campaña fue, aunque inmoral, rentable.

 A mi juicio el principal error en la campaña nacional del PAN fue carecer de mensaje y  haber hecho de la guerra contra el crimen organizado su bandera. Hicieron un poco de campaña sobre sus logros, un poco de campaña sucia, un poco de campaña a favor del Presidente y la gente no recibió ningún mensaje claro. Y al haber hecho de la guerra contra el crimen organizado el eje de su campaña , pagaron caro el noviciado de entrar a un tema que desconocían. Algo de historia política y militar hubiesen bastado para mostrarle a Germán Martínez que pueblos con regímenes democráticos tienden a tener gran admiración por los líderes que han dirigido a sus naciones en tiempos de guerra, como lo demuestra la alta popularidad de Felipe Calderón, pero que también las experiencias dolorosas y el sufrimiento que van de la mano con toda incursión militar cobran factura.

 Nadie es indiferente a una guerra y en el último siglo se manifestó, casi como constante, el hecho de que los líderes y héroes de las guerras acabaron sin proyecto político. Esto le pasó a De Gaulle, quien después de la guerra vio cortada su carrera para luego tener un breve regreso en 1958 y a Churchill quien a pesar de ser un héroe jamás pudo regresar a la política después de la guerra. En Estados Unidos le ocurrió a Lyndon Johnson, a Nixon –aparte de otros motivos- y a Bush padre. Y aunque haya logrado su reelección utilizando la fresca memoria del 11/9, Bush hijo dejó a Estados Unidos dividido y al Partido Republicano en la lona.

 Ningún régimen democrático moderno utiliza una guerra como estandarte de gobierno y estrategia política, pues incluso las campañas de 2004 y 2008 en Estados Unidos iban dirigidas a la seguridad -o inseguridad, como se quiera ver-, no a la guerra en sí. ¿Quiénes han usado la guerra como estrategia política y de propaganda? Lo hizo Hitler en la Alemania nazi, lo usó Franco del 36 al 39, Saddam Hussein después de la guerra contra Irán, lo hace Kim Yong Il y lo usó Germán Martínez en México en sus spots de campaña: “en esta elección decidimos si seguimos en la lucha contra las drogas o si volvemos a ignorar el problema”, “este Presidente decidió entrarle (al problema del narco) de frente como nadie lo había hecho, con los operativos del Ejército”.

 Somos tan nuevos en  la experiencia bélica como en su manejo político. Doce mil muertos en dos años y medio de gobierno son demasiadas bajas para ambos bandos y la percepción de la gente es que estamos lejos de ganar la guerra. Parece que todos estamos de acuerdo en que hacer frente al problema es lo correcto, pero usar la guerra como estrategia de campaña política fue una maniobra suicida.

 Ahora, ¿qué estrategia utilizó el PRI para ganar? ¡Ninguna! Ellos no ganaron, el PAN perdió. Desde el punto de vista del análisis de campaña no tuvieron ningún destello de lucidez extraordinario y desde luego que, salvo Sonora, tampoco tuvieron ningún traspié considerable. Flotaron de muertito y dejaron que el PAN cayera por su propia arrogancia y estrategia sin pies ni cabeza. Decía Alain Prost que prefería perseguir que ser perseguido. Al PRI le funcionó muy bien esta estrategia.

 Del recuento de los daños lo más sobresaliente es la condición en que queda el Presidente Calderón. Lejos se ve aquel 13 de septiembre de 2006 en que Manuel Espino decía “debemos ser magnánimos en la victoria”. Ahora encontramos a un Presidente solo y a merced de la jauría de San Lázaro.

 Qué acciones hay que tomar y cuáles ya están en marcha.

 El PRI ya está en marcha. Trae “momentum”. Si a Peña Nieto no se le quema alguna guardería un mes antes de las primarias del PRI, va en caballo de hacienda. Habrá que ver cómo se ponen de acuerdo los gobernadores priístas, el liderazgo del partido y para qué lado juega Elba Esther, pero si Manlio Fabio, Beatriz y otros inquietos cierran filas, el PRI lleva buen paso para lo que sigue.

 La principal acción que debe tomar el PRI es muy sencilla: dar resultados. Demostrar que pueden gobernar y para gobernar hay que ejecutar. Está clarísimo que la gente está harta de la parálisis que sufre el país a causa de los políticos. Si bloquean, imponen, y sabotean, les vamos a pasar factura. Si proponen, acuerdan y aprueban, se llevan palomita.

 El PAN por su parte acaba de entrar a la sala de urgencias y perderá valioso tiempo en reacomodarse. Jeffrey Pollock, Daniel Shea y Dennis Johnson, entre otros consultores políticos, consideran 4 los factores determinantes de una campaña política: el tiempo, el dinero, la gente y la tecnología. De estos cuatro factores el único no renovable es el tiempo. Siempre podremos conseguir más dinero, contratar más gente, conseguir más voluntarios y adquirir tecnología e información. Pero el día de las elecciones será el 1º de Julio de 2012 y nadie puede comprar un día, una semana o un mes más.

 El PAN tiene que acomodarse pronto y decidir a brevedad quién será su gallo. No pueden perder seis meses en esta convalecencia.  El Presidente Calderón tiene que poner en acción el “punch” que le queda e igual que el PRI, acordar, pactar y hacer uso de su investidura constitucional de Poder Ejecutivo. Del poco margen de maniobra que le quedó, recordemos que aún cuenta con las herramientas del Estado para apoyar proyectos de gobierno y para más adelante apoyar a su candidato. Que no haya duda que Calderón usará estas facultades primero para tratar de eliminar a sus adversarios dentro del PAN –Vicente Fox se acaba de convertir en uno de ellos- y luego a los adversarios de los otros partidos, fundamentalmente el PRI, durante la elección del 2012. 

¿Y Guanajuato?

Pues como ya se nos ha dicho en repetidas ocasiones, somos bastión del PAN, y a mí solo se me ocurre pensar que cuando ves las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar. En Guanajuato ya llevamos tres años en el limbo y siguen tres en el purgatorio para pagar por el pecado del fanatismo azul que nos gobierna en Guanajuato capital. El señor Oliva logró convertirnos de Estado desarrollado y ejemplar, al único estado del centro del país en vías de subdesarrollo. Pero eso si, muy devotos.

 En los siguientes tres años no pasará mucho: el gobierno del estado, inepto por naturaleza no podrá atraer a Guanajuato recursos federales ni privados para proyectos que reactiven la economía y seguirá impulsando proyectos para fortalecer la fe de los guanajuatenses. El Presidente Calderón no tendrá interés ni tiempo para “El Bastión”, pues estará ocupado con –o contra- el PRI en el Congreso, peleando la guerra contra los malos y preparando el 2012.

 Pero en algo lleva la mano Mr. Oliva, que ya tiene a un elegido para que su corriente siga en el gobierno. Miguel Márquez ya recibió la bendición del yunque –no dudo que haya sido textual-  y su grupo ya está trabajando para lo que vendrá.

 Para sacar a Guanajuato de la ignominiosa condición en que nos dejará Oliva, los wannabees necesitarán empezar a luchar contra el yunque desde ahora. Ricardo Sheffield, Luis Alberto Villareal y José Ángel Córdova tendrán que dejarse de la “timidez del precandidato” y ponerse en marcha ya, pues así como Calderón utilizará al sistema para apoyar a su candidato, Oliva está utilizando toda su experiencia como operador político y los recursos que sean necesarios para llevar al suyo a la gobernatura.

 Recordemos: el tiempo es el recurso más valioso en una campaña y por lo menos este primer año posterior a las intermedias hay que hacer mucho trabajo adentro del PAN en Guanajuato, que es finalmente donde se ganan las elecciones en nuestro estado. Mi buen Richard Sheffield la trae pesada, pues tendrá que luchar dos frentes al mismo tiempo –la alcaldía de León y la precandidatura- sin embargo se ve más sólido adentro del partido que el Dr. Córdova que está fuerte en lo federal –e internacional- pero eso no sirve de nada cuando a los que hay que convencer es a los miembros activos del PAN en el Estado y poner en marcha una estrategia clientelar al mejor estilo del PRI.

 Y hablando del PRI, en Guanajuato la siguen trayendo de subida para el 2012, pero el “efecto Peña Nieto”,  un buen candidato y una buena campaña les podrían funcionar.   Tienen a su favor que hacer campaña contra un gobierno como el de Oliva, es el sueño dorado de cualquier consultor político.