lunes, 24 de agosto de 2009

Una Propuesta para Mejorar la Educación Superior Pública en México, Parte II

En mi nota pasada sobre educación exploraba una propuesta para mejorar la calidad de la educación superior privada en México. En las líneas que hoy presento, me permito proponer una opción que podría dar acceso a profesores de primer nivel a nuestros alumnos de las universidades públicas.

En México la educación pública en general y la educación pública superior en específico, se encuentran en niveles bajísimos. Como sustento a esta aseveración, y si tienen un antidepresivo a la mano, los invito a que naveguen por la página de la OCDE (www.oecd.org) en el apartado de educación, en donde se puede acceder a datos estadísticos duros, así como a estudios y reportes elaborados por este organismo internacional. Yo me dediqué a buscar información en las tablas estadísticas referentes a educación superior, en las que bajo diferentes criterios, se evalúan a alumnos, maestros y gobiernos. En todos los criterios México aparece en los último lugares. Llama la atención un apartado que habla sobre los incentivos para invertir en educación y el retorno que obtienen alumnos de diferentes países sobre la inversión en educación que han hecho. México no aparece en esas tablas.

Aunque seamos parte del club de países ricos de la OCDE sin ser uno de ellos, creo injusto que se nos compare con Noruega, Japón, Finlandia, Suiza, Dinamarca y otras súper potencias. Pero la información de la OCDE también incluye datos de países que hace 20 años pertenecían al bloque soviético y de países asociados como Chile y Brasil que ahora tienen mejores resultados que nosotros en prácticamente todos los renglones.

Como explicaba en mi escrito anterior, los mejores maestros en las universidades privadas, tanto en México como alrededor del mundo, se consiguen con buenos sueldos. Si como norma las universidades privadas en México no pueden –o no quieren- pagar buenos sueldos a sus profesores, las universidades públicas tienen una extraña mezcla de profesores muy bien pagados y de profes que apenas sacan 4,500 pesos al mes. De acuerdo a la página de Internet de Transparencia de la UNAM, sus profesores bien pagados tienen ingresos desde los 15 hasta los 75 mil pesos mensuales con prestaciones incluidas. Este grupo de profesores e investigadores de la UNAM, del Poli y de algunas universidades autónomas de los estados con sueldos de ejecutivos, son la crema y nata de la academia mexicana.

Pero de los 40,000 profesores de la UNAM, sólo el 30% es de planta, y son los que tienen acceso a bonos y estímulos al desempeño que no tienen los profesores de cátedra o medio tiempo. Los profesores de planta tienen, por ejemplo, un bono de hasta 10 mil pesos mensuales llamado PRIDE (prima al desempeño del personal académico de carrera), otro que se llama FOMDOC (fomento a la docencia para profesores e investigadores de carrera) que puede llegar hasta los 5 mil pesos mensuales. Estos y otros apoyos y estímulos sumados pueden llegar casi a los 20 mil pesos mensuales en exceso de su sueldo.

Por su parte, el 70% de los profesores de medio tiempo reciben sueldos por hora y tienen un límite de 18 horas por semana para impartir cátedra. Los más experimentados de este rubro difícilmente llegan a los 9 mil pesos al mes.

Mi propuesta para incorporar a profesores de primer nivel a las universidades viene en la forma de estímulo fiscal o “tax break”. Los candidatos a profesores serían altos ejecutivos del sector privado, profesionales libres y funcionarios públicos –no legisladores- que deseen compartir su experiencia y conocimientos en las aulas a cambio de una reducción en su pago de impuestos. Un ejecutivo que gana, por ejemplo, 100 mil pesos al mes, le está entregando casi 30 mil pesos mensuales a Hacienda. Si a estos funcionarios y ejecutivos se les bajara la tasa del 28 ó 30% que actualmente pagan a un 12 ó 15% por impartir cátedra en universidades públicas, creo que tendríamos a un buen número de interesados en integrarse a la docencia.

¿Cómo se implementaría?

Aunque la formalidad de redactar las condiciones generales estaría a cargo de las autoridades, las bases para un programa piloto podrían ser más o menos las siguientes:

  • Las universidades tendrían que informar mediante un comunicado público, las áreas para las que necesitan docentes.
  • Para calificar al programa, los interesados tendrían que cumplir con requisitos de experiencia e ingreso mínimos que podrán ser determinados por las autoridades de acuerdo a cada especialidad a impartir.
  • Un comité formado por ciudadanos y por miembros de las universidades escogerían al candidato a cada plaza.
  • La cátedra se impartiría los fines de semana a manera de seminario, una vez cada quince días o una vez al mes.
  • Los alumnos que deseen participar en estas clases tendrían que concursar para acceder a ellas.
  • El ausentismo o envío de sustitutos anulará el acuerdo.
  • Después de un reporte de cumplimiento y de una encuesta del desempeño del profesor por parte de los alumnos, la autoridad podrá deducir o reembolsar el importe que corresponda al profesor.

De esta manera podríamos acceder a profesores de experiencia probada, pues la mayoría de los altos ejecutivos, profesionales y funcionarios -con alguna excepción- han llegado a sus puestos y posiciones en base a logros, experiencia y a estudios complementarios a su preparación profesional. El filtro ciudadano en la selección impediría que se colara algún elemento no deseado.

Sin duda estoy omitiendo puntos finos de cómo se debería implementar la propuesta, pero como borrador general, creo que éste es un buen punto de partida para comenzar a discutir la viabilidad de esta propuesta. Nuevamente, si conoces a algún legislador –que aparentemente los que están por entrar están eufóricos por mostrar resultados-, funcionario o persona relacionada con la educación superior pública, háblale de esta propuesta. Tal vez podamos llevar a más gente de primera a nuestras universidades públicas.

martes, 28 de julio de 2009

Aprendiendo a comer sopa con un cuchillo*, lecciones para México

 

T.E. Lawrence es mejor conocido por la interpretación que Peter O’Toole hizo de su persona en la película Lawrence de Arabia, sin embargo, poca gente conoce el trabajo de Lawrence y menos lo relaciona como uno de los primeros escritores, estudiosos y practicantes de la guerra limitada y conflictos de baja intensidad del siglo XX. Cuando en una ocasión se le preguntó a T.E. Lawrence sobre cómo derrocar a una guerrilla de insurgencia, él contestó que el proceso era similar a intentar comer sopa con un cuchillo: lento y desastroso.

 Las guerrillas de insurgencia y urbanas, como la que libraron los árabes contra los turcos a principios del siglo pasado, las fuerzas de Mao contra el poderoso Chiang Kai-shek, el FNL de Argelia contra el Estado Francés, fuerzas independentistas de Malaya (ahora Singapur) contra Gran Bretaña y las que libraron el Vietcong y actualmente pelean los talibanes en Afganistán y las tribus religiosas de Irak contra las fuerzas de Estados Unidos, son ejemplos de conflictos asimétricos, en las que un gran ejército se ve forzado a combatir contra un enemigo menor en tamaño y recursos, pero no en eficacia.

 Todos los estudios y bibliografía sobre los conflictos anteriores arrojan un común denominador: las guerrillas han ganado o van ganando. En el libro “Fiasco, la Aventura Militar de Estados Unidos en Irak” , Thomas Rick recuerda una anécdota sobre la firma de la paz en Vietnam en la que un altanero oficial del ejército americano le dice a un general del Vietcong “ustedes nunca nos pudieron vencer en el terreno de batalla” a lo que contestó el general vietnamita “eso tal vez sea cierto, pero también es irrelevante”.

 La abrumadora evidencia empírica de cómo han perdido los grandes ejércitos contra grupos insurgentes, llevó en 2003 a un grupo de oficiales de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos a replantearse las estrategias utilizadas para combatirlos. La conclusión fue, palabras más, palabras menos, que los grandes ejércitos, sujetos a una idiosincrasia militar rígida, tienen poca flexibilidad y capacidad de adaptación y aprendizaje para enfrentar retos nuevos. En castellano esto quiere decir que el ejército estadounidense no ha entendido que en la actualidad, y aún con las amenazas de Corea del Norte, Irán y algún otro bravucón, Estados Unidos muy probablemente no se verá comprometido en el futuro en una guerra contra otro estado-nación, sino contra grupos de guerrilla e insurgencia a lo largo y ancho del planeta y necesita aprender a combatirlos.

 Uno de los líderes de este grupo de militares es el Teniente Coronel Isaiah Wilson III, miembro activo de la Armada de Estados Unidos y profesor de la Academia Militar de West Point y de la Universidad de Columbia, quien alertó en 2004 de los claros riesgos de “perder” las guerras en Irak y Afganistán por falta de planeación operacional, esto es, por falta de planes sobre cómo terminar la guerra contra los grupos tribales que quedarían sueltos después de derrotar a los talibanes y a Saddam.

 Wilson habla de la incapacidad de los grandes ejércitos y en especial del de Estados Unidos, no para ganar guerras, sino para ganar la paz. Este grupo de militares lucha por cambiar las estrategias y tácticas militares actuales, por un nuevo enfoque que ellos llaman “la nueva guerra holística”, esto es, ver y pelear la guerra como un elemento complejo y total de 360 grados y no simplemente como la parte del enfrentamiento bélico en el que Estados Unidos invariablemente gana de manera abrumadora, pero que no garantiza estabilidad y paz al final de la acción militar.

En México tenemos un híbrido de narco-insurgencia, que presenta diferencias fundamentales a las guerrillas de insurgencia citadas al principio de este escrito siendo las más importantes que el crimen organizado no busca derrocar al gobierno -aunque sí ha conseguido tomar posiciones de gobierno en decenas de municipios y estados del país- y su motivo es puramente económico. Otra diferencia es que la asimetría del conflicto favorece al enemigo y no al ejército del país. El crimen organizado cuenta con más dinero y armas sofisticadas que nuestras policías y fuerzas armadas y definitivamente han puesto en entredicho el monopolio que el Ejército Mexicano debería tener sobre el uso de la fuerza en el país.

 La manera en que el Estado Mexicano esta librando esta batalla hace pensar que nuestros generales, empezando por el Primer Comandante de las Fuerzas Armadas, no han aprendido de ejércitos mucho más poderosos que el mexicano como el norteamericano, el británico y el francés, que han perdido las guerras de insurgencia –o conflictos de “baja intensidad”- que han peleado en los últimos 50 años.

 Un nuevo enfoque de guerra holística para combatir al crimen organizado en México tendría que agregar al elemento bélico una reestructura de raíz de nuestro sistema judicial, penitenciario, de la formación de nuestras policías, de educación, desarrollo económico y combate al consumo de narcóticos en el país. Necesitamos ver la guerra como un todo.  Esta estrategia de guerra, no se puede planear solamente desde Lomas de Sotelo. Corresponde a San Lázaro y a Xicoténcatl sentar las bases para que al mismo tiempo que aventamos y recibimos balas, se fortalezca la estructura del Estado Mexicano y se comience a cargar la balanza de nuestro lado y no del de los criminales.

 Si no entendemos el conflicto de esta manera y no aprendemos de las experiencias –malas por cierto- de ejércitos con tradiciones e historial bélico superiores al nuestro, estamos condenados a seguir luchando esta guerra por décadas tal vez, sin estar ganando terreno significativo al enemigo. Estamos, literalmente, aprendiendo a comer sopa con un cuchillo.

 

*El título de este escrito es también el del libro “Learning How To Eat Soup With a Knife” de John Nagl y lo utilicé por considerarlo de extraordinaria aplicación para el tema que abordé. El contenido es de autoría propia. RP

 

 

jueves, 9 de julio de 2009

Tres años en el purgatorio

Nota: No se me olvida el compromiso de enviar la nota referente a la segunda propuesta para mejorar la educación que había quedado de mandar esta semana. La tengo muy avanzada pero no pude resistir la tentación de escribir sobre el pasado proceso electoral y la lectura de algunos puntos que a mi juicio debemos tener en el radar.

 

No creo que tenga sentido explicar lo que ya todos hemos visto, leído y escuchado en los días posteriores a las elecciones: el PAN perdió. Creo que hay que poner atención a algunos puntos que podemos equivocadamente pasar por alto. Hay lecciones que aprender y acciones que tomar, sobretodo por el PRI y por el PAN que dada la nueva configuración política post electoral -y si el PRD se sigue hundiendo- han quedado al frente de un sistema prácticamente bipartidista.

 La principal lección la tendría que aprender el PAN. Frank Luntz, estratega y encuestador del Partido Republicano en Estados Unidos escribió el libro “Words That Work: It’s Not What You Say, It’s What People Hear” (“Palabras que funcionan: no es lo que tú dices, es lo que la gente escucha”) que parece que fue el libro de bolsillo del Partido Verde para esta campaña. No importa la sarta de tonterías que tú digas, importa lo que tu audiencia escuche. Inglés y computación, bonos para medicinas y pena de muerte. Tómenla. Sencillito y directo. Aunque en lo personal considero al Partido Verde dentro de lo más bajo de lo bajo, tengo que aceptar que su estrategia de campaña fue, aunque inmoral, rentable.

 A mi juicio el principal error en la campaña nacional del PAN fue carecer de mensaje y  haber hecho de la guerra contra el crimen organizado su bandera. Hicieron un poco de campaña sobre sus logros, un poco de campaña sucia, un poco de campaña a favor del Presidente y la gente no recibió ningún mensaje claro. Y al haber hecho de la guerra contra el crimen organizado el eje de su campaña , pagaron caro el noviciado de entrar a un tema que desconocían. Algo de historia política y militar hubiesen bastado para mostrarle a Germán Martínez que pueblos con regímenes democráticos tienden a tener gran admiración por los líderes que han dirigido a sus naciones en tiempos de guerra, como lo demuestra la alta popularidad de Felipe Calderón, pero que también las experiencias dolorosas y el sufrimiento que van de la mano con toda incursión militar cobran factura.

 Nadie es indiferente a una guerra y en el último siglo se manifestó, casi como constante, el hecho de que los líderes y héroes de las guerras acabaron sin proyecto político. Esto le pasó a De Gaulle, quien después de la guerra vio cortada su carrera para luego tener un breve regreso en 1958 y a Churchill quien a pesar de ser un héroe jamás pudo regresar a la política después de la guerra. En Estados Unidos le ocurrió a Lyndon Johnson, a Nixon –aparte de otros motivos- y a Bush padre. Y aunque haya logrado su reelección utilizando la fresca memoria del 11/9, Bush hijo dejó a Estados Unidos dividido y al Partido Republicano en la lona.

 Ningún régimen democrático moderno utiliza una guerra como estandarte de gobierno y estrategia política, pues incluso las campañas de 2004 y 2008 en Estados Unidos iban dirigidas a la seguridad -o inseguridad, como se quiera ver-, no a la guerra en sí. ¿Quiénes han usado la guerra como estrategia política y de propaganda? Lo hizo Hitler en la Alemania nazi, lo usó Franco del 36 al 39, Saddam Hussein después de la guerra contra Irán, lo hace Kim Yong Il y lo usó Germán Martínez en México en sus spots de campaña: “en esta elección decidimos si seguimos en la lucha contra las drogas o si volvemos a ignorar el problema”, “este Presidente decidió entrarle (al problema del narco) de frente como nadie lo había hecho, con los operativos del Ejército”.

 Somos tan nuevos en  la experiencia bélica como en su manejo político. Doce mil muertos en dos años y medio de gobierno son demasiadas bajas para ambos bandos y la percepción de la gente es que estamos lejos de ganar la guerra. Parece que todos estamos de acuerdo en que hacer frente al problema es lo correcto, pero usar la guerra como estrategia de campaña política fue una maniobra suicida.

 Ahora, ¿qué estrategia utilizó el PRI para ganar? ¡Ninguna! Ellos no ganaron, el PAN perdió. Desde el punto de vista del análisis de campaña no tuvieron ningún destello de lucidez extraordinario y desde luego que, salvo Sonora, tampoco tuvieron ningún traspié considerable. Flotaron de muertito y dejaron que el PAN cayera por su propia arrogancia y estrategia sin pies ni cabeza. Decía Alain Prost que prefería perseguir que ser perseguido. Al PRI le funcionó muy bien esta estrategia.

 Del recuento de los daños lo más sobresaliente es la condición en que queda el Presidente Calderón. Lejos se ve aquel 13 de septiembre de 2006 en que Manuel Espino decía “debemos ser magnánimos en la victoria”. Ahora encontramos a un Presidente solo y a merced de la jauría de San Lázaro.

 Qué acciones hay que tomar y cuáles ya están en marcha.

 El PRI ya está en marcha. Trae “momentum”. Si a Peña Nieto no se le quema alguna guardería un mes antes de las primarias del PRI, va en caballo de hacienda. Habrá que ver cómo se ponen de acuerdo los gobernadores priístas, el liderazgo del partido y para qué lado juega Elba Esther, pero si Manlio Fabio, Beatriz y otros inquietos cierran filas, el PRI lleva buen paso para lo que sigue.

 La principal acción que debe tomar el PRI es muy sencilla: dar resultados. Demostrar que pueden gobernar y para gobernar hay que ejecutar. Está clarísimo que la gente está harta de la parálisis que sufre el país a causa de los políticos. Si bloquean, imponen, y sabotean, les vamos a pasar factura. Si proponen, acuerdan y aprueban, se llevan palomita.

 El PAN por su parte acaba de entrar a la sala de urgencias y perderá valioso tiempo en reacomodarse. Jeffrey Pollock, Daniel Shea y Dennis Johnson, entre otros consultores políticos, consideran 4 los factores determinantes de una campaña política: el tiempo, el dinero, la gente y la tecnología. De estos cuatro factores el único no renovable es el tiempo. Siempre podremos conseguir más dinero, contratar más gente, conseguir más voluntarios y adquirir tecnología e información. Pero el día de las elecciones será el 1º de Julio de 2012 y nadie puede comprar un día, una semana o un mes más.

 El PAN tiene que acomodarse pronto y decidir a brevedad quién será su gallo. No pueden perder seis meses en esta convalecencia.  El Presidente Calderón tiene que poner en acción el “punch” que le queda e igual que el PRI, acordar, pactar y hacer uso de su investidura constitucional de Poder Ejecutivo. Del poco margen de maniobra que le quedó, recordemos que aún cuenta con las herramientas del Estado para apoyar proyectos de gobierno y para más adelante apoyar a su candidato. Que no haya duda que Calderón usará estas facultades primero para tratar de eliminar a sus adversarios dentro del PAN –Vicente Fox se acaba de convertir en uno de ellos- y luego a los adversarios de los otros partidos, fundamentalmente el PRI, durante la elección del 2012. 

¿Y Guanajuato?

Pues como ya se nos ha dicho en repetidas ocasiones, somos bastión del PAN, y a mí solo se me ocurre pensar que cuando ves las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar. En Guanajuato ya llevamos tres años en el limbo y siguen tres en el purgatorio para pagar por el pecado del fanatismo azul que nos gobierna en Guanajuato capital. El señor Oliva logró convertirnos de Estado desarrollado y ejemplar, al único estado del centro del país en vías de subdesarrollo. Pero eso si, muy devotos.

 En los siguientes tres años no pasará mucho: el gobierno del estado, inepto por naturaleza no podrá atraer a Guanajuato recursos federales ni privados para proyectos que reactiven la economía y seguirá impulsando proyectos para fortalecer la fe de los guanajuatenses. El Presidente Calderón no tendrá interés ni tiempo para “El Bastión”, pues estará ocupado con –o contra- el PRI en el Congreso, peleando la guerra contra los malos y preparando el 2012.

 Pero en algo lleva la mano Mr. Oliva, que ya tiene a un elegido para que su corriente siga en el gobierno. Miguel Márquez ya recibió la bendición del yunque –no dudo que haya sido textual-  y su grupo ya está trabajando para lo que vendrá.

 Para sacar a Guanajuato de la ignominiosa condición en que nos dejará Oliva, los wannabees necesitarán empezar a luchar contra el yunque desde ahora. Ricardo Sheffield, Luis Alberto Villareal y José Ángel Córdova tendrán que dejarse de la “timidez del precandidato” y ponerse en marcha ya, pues así como Calderón utilizará al sistema para apoyar a su candidato, Oliva está utilizando toda su experiencia como operador político y los recursos que sean necesarios para llevar al suyo a la gobernatura.

 Recordemos: el tiempo es el recurso más valioso en una campaña y por lo menos este primer año posterior a las intermedias hay que hacer mucho trabajo adentro del PAN en Guanajuato, que es finalmente donde se ganan las elecciones en nuestro estado. Mi buen Richard Sheffield la trae pesada, pues tendrá que luchar dos frentes al mismo tiempo –la alcaldía de León y la precandidatura- sin embargo se ve más sólido adentro del partido que el Dr. Córdova que está fuerte en lo federal –e internacional- pero eso no sirve de nada cuando a los que hay que convencer es a los miembros activos del PAN en el Estado y poner en marcha una estrategia clientelar al mejor estilo del PRI.

 Y hablando del PRI, en Guanajuato la siguen trayendo de subida para el 2012, pero el “efecto Peña Nieto”,  un buen candidato y una buena campaña les podrían funcionar.   Tienen a su favor que hacer campaña contra un gobierno como el de Oliva, es el sueño dorado de cualquier consultor político.

martes, 30 de junio de 2009

Dos ideas para mejorar la calidad y nivel de la educación en México. Parte I

De las muchas batallas que hay que librar en el país, la presente administración decidió pelear la de la inseguridad y crimen organizado. Las batallas contra los monopolios, sindicatos corruptos, pobreza, y otras tantas que le urgen al país quedan en lista de espera para la siguiente administración o para cuando “se den las condiciones” para emprenderlas. A favor del gobierno es justo decir que no son batallas sencillas. Todas requieren violentar los cotos privados de grupos de interés poderosísimos. A mí en lo personal no me sorprende que el presidente Calderón haya decidido combatir al crimen organizado antes que al SNTE. Imaginen el poder con el que cuentan Gordillo y los grupos de poder del país que el presidente ha optado por combatir a delincuentes mejor armados que nuestras policías y ejército antes que tocar a Elba Esther, a Slim y a otras figuras a quienes lejos de tener en la mira, los ha hecho aliados.

Y como el gobierno ha “subrogado” por completo las políticas públicas en materia de educación a la maestra Gordillo, parece que en el corto plazo será imposible impulsar cualquier reforma que mejore la calidad de la educación en México.

Me permito presentar en dos escritos, dos propuestas que podrían contribuir a mejorar la calidad de la educación superior en México. Una corresponde al ámbito de la educación privada, y el otro a la pública. En este primer trabajo abordaré la propuesta en el ámbito de la educación superior privada.

A pesar de lo que muchos digan, es indiscutible que la mejor educación del mundo se imparte en Estados Unidos. Hay algunas universidades europeas –inglesas principalmente- que se colocan también en los primeros lugares de las listas, pero como norma, las mejores universidades del planeta están al norte del Río Bravo.

Haber egresado de Harvard, Stanford, Yale, Columbia, Cornell, Princeton, Georgetown, la Universidad de Chicago, UCLA o M.I.T., por ejemplo, cambia la perspectiva de vida de quienes tuvieron ese privilegio. Quien recibe la carta de aceptación de alguna de estas escuelas recibe una llave que le abrirá puertas a lo largo de su vida profesional y que le brindará, casi por definición, más oportunidades que a otros jóvenes que no lograron colarse al circuito de las mejores universidades de Estados Unidos. En México en cambio, egresar del Tec, de la Ibero, de la UDLA, del ITESO, de la Salle o del ITAM, sólo significa que la vida será menos dura, pero no es sinónimo de éxito profesional de por vida.

En mi opinión, hay tres factores en común presentes en las mejores universidades del mundo:

1. Reciben enormes donativos de personas –ex alumnos principalmente-, así como de empresas e instituciones.
2. Tienen a los mejores alumnos y
3. Tienen a los mejores maestros.

Es en éste último punto por donde va la propuesta, pues aunque hay numerosas estrategias para conseguir grandes donativos y alumnos de primera, los mejores maestros se consiguen con dinero, no hay que buscarle más. El problema radica en que los profesores universitarios en niveles de excelencia en México -con amplio reconocimiento nacional, internacional o de su gremio profesional- son muy pocos y están en muy pocos lugares. El ITAM como excepción y gracias a su tamaño, tiene proporcionalmente a sus alumnos a la mayoría de ellos, el Tec de Monterrey tiene algunos en sus campus grandes (Monterrey, EdoMex y D.F.), y la Ibero los tiene en la Ciudad de México. En el resto de los campus de estas instituciones y de otras universidades privadas regionales hay muy pocos maestros Triple A.

Al mejor profesor universitario lo hacen su experiencia y sus grados académicos. En mi opinión, la experiencia siempre dominará sobre los grados académicos, salvo algunas especialidades de la medicina, las ciencias y la ingeniería.

Sin generalizar ni menospreciar el nivel académico de muchos de los profes de nuestras universidades privadas hay que decir sin tapujos que la docencia fue para muchos de ellos, más que vocación, la opción laboral que tuvieron en su momento. Por eso vemos en algunas universidades impartiendo cátedra a profesores que no han trabajado, que han trabajado poco o que han trabajado muchos años sin experiencia relevante.

El problema que enfrentan las universidades es que contratar profesores con grados académicos es relativamente barato, contratar experiencia no. Es fácil contratar a un MBA recién egresado del EGADE o del IPADE para que imparta marketing en cualquier universidad, pero resulta complicadísimo –esto es, carísimo- traer a un director o ex director de mercadotecnia de la Coca-Cola o de la Nestlé con 10 ó 12 años de experiencia para impartir cátedra . Traer a un profesor con grados y experiencia es un lujo.

Hay una terrible miopía para enfrentar este problema. Hablamos mucho de “la fuga de cerebros”, de los estudiantes y profesionales mexicanos que se van al extranjero y que no regresan porque aquí los sueldos son una broma. ¿Pero qué hay de los cerebros que viven en México y que desean ir a las aulas a compartir su experiencia con nuestros jóvenes?

Esos no son cerebros fugados, son cerebros refugiados, que después de trabajar en el mundo corporativo o en la administración pública se refugian en alguna firma de consultoría o en proyectos personales –algunos de baja monta- porque las universidades simple y sencillamente no les pueden pagar sueldos que les permitan mantener el nivel de vida que gozaban en sus empleos anteriores.

Ahí están ex-secretarios de estado, ex-alcaldes, ex-diplomáticos, ex-directores de bancos, ingenieros, científicos, ex-funcionarios de altísimo nivel, ex-procuradores, ex-legisladores, ex-lo que se les ocurra. Son cerebros refugiados.

Una posible solución para atraer a estos cerebros a las aulas podría ser mediante la implementación de mecanismos que ya se usan en Estados Unidos para contratar profesores súper estrella. Por ejemplo, en mayo pasado todos los alumnos de Columbia recibimos un correo electrónico del Presidente de la Universidad Lee Bollinger informándonos de la contratación de Kofi Annan, Ex Secretario General de la ONU quien se integrará a SIPA (School of International and Public Affairs) a partir del próximo Septiembre. Al final de su mensaje agradecía a los benefactores que hicieron posible su contratación, esto es, a los que le pagarán su sueldo (“We are grateful to the generous donors who make it possible for us to create such fellowship opportunities for world leaders to be a part of the Columbia experience”). Aunque no nombró a los benefactores, es muy probable que Kofi Annan sea presentado más adelante como “Kofi Annan, Dupont Professor of Human Rights” o “Kofi Annan, Rockeffeler Professor of Conflict Resolution” o con cualquier otra marca o apellidos de quien lo esté patrocinando.

Aquí suceden varias cosas al mismo tiempo. Primero, la persona o institución que patrocina el sueldo de este súper profe, obtiene el reconocimiento de la sociedad al abrir la posibilidad de que Kofi Annan se vaya a trabajar a una universidad a compartir sus experiencias en lugar de que se vaya a trabajar para algún grupo de cabildeo en Washington o Suiza. Segundo, el profesor que es contratado mediante algún benefactor, aparte del sueldo, recibe una distinción natural al nombramiento que va rodeada del reconocimiento y jerarquía que sólo unos pocos profesores tienen. Tercero, las universidades que cuentan con estas figuras en automático reciben más donativos y aplicaciones de admisión que otras que no los tienen.

Para la implementación de este sistema en México veo dos problemas principalmente. Primero, a las universidades no les va a gustar que les quiten donativos para pagar directamente a profesores “elite” o no les va a gustar que les digan cómo gastar el donativo que están recibiendo. Segundo, al principio habrá resistencia y rechazo por parte de algunos de los profesores actuales al ver que llega un nuevo colega ganando dos o tres veces más que ellos. Este último problema, bien canalizado, puede convertirse en un incentivo para que busquen más experiencia o grados académicos que les permitan acceder a ese distinguido club.

Criticamos mucho que a los políticos les cuesta generar proyectos innovadores e implementarlos en poco tiempo. Vamos proponiendo este pequeño cambio como sociedad a un sector en el que no hay intereses oficiales. Si conoces a algún consejero de alguna universidad privada, háblale de esta propuesta. Lo mismo a padres de familia, directivos de escuelas y a personas e instituciones que sean benefactoras de la educación. Veamos qué tan atrevidos somos para probar en México algo que ya ha funcionado en otros lugares.

La próxima semana la propuesta para la educación superior pública.

p.d. La única manera en que votaría por el Partido Verde es que se comprometieran a aplicarse la pena de muerte a sí mismos si no cumplen sus promesas de campaña. Están abusando de un sector de la población agraviado por la violencia prometiendo cosas que simplemente no podrán cumplir. Son ridículos.

jueves, 11 de junio de 2009

La Verdadera Prueba


 

“Unos cuantos hombres, movidos por codicias económicas, por soberbias personales, por envidias más o menos privadas, van ejecutando deliberadamente esta faena de despedazamiento nacional, que sin ellos y su caprichosa labor no existiría.”

 

Fragmento de “La España Invertebrada” de José Ortega y Gasset.

Parece que el año 2009 se nos presenta a los Mexicanos como uno de los más difíciles de nuestra historia reciente. Tal vez el año más atribulado aún presente en nuestra memoria fue 1994: el surgimiento del EZLN, los asesinatos de Ruiz Massieu, el Cardenal Posadas y Luis Donaldo Colosio; el inicio de una crisis financiera internacional originada en México y el principio del fin de la era del PRI. En 1993, todavía nos creíamos el “milagro mexicano”, pero 1994 se encargó de ponernos en nuestro lugar, y aquí llevamos ya quince años sin mejora visible y en medio de una crisis sin precedentes.

 

Un dicho oriental dice que crisis representa riesgo u oportunidad.  Sin duda alguna ese dicho fue creado para ser aplicado en Asia donde hay una mística, una formación holística que permite a la gente enfrentar las crisis de una manera diferente a como lo hacemos nosotros. En mi opinión este cliché sobreexplotado por las firmas de consultoría empresarial, resulta inaplicable para México simple y sencillamente porque cuando se nos ha presentado una crisis casi siempre hemos optado por el riesgo y no por la oportunidad.

 

Para definir “crisis” con un enfoque más pragmático, yo me inclino por la explicación de Thomas Schelling quien dice que la esencia de una crisis radica en que es impredecible y quienes participan en ella no tienen el control sobre los eventos que se están desencadenando. Las personas que están a cargo de gestionarlas toman decisiones que disminuyen o aumentan las posibilidades de controlarlas, pero todas las acciones se desarrollan en un entorno de riesgo e incertidumbre. Ahí está parado México en este momento.

 

Como estamos inmersos en la crisis, no nos hemos percatado de su gravedad.  Crisis sanitaria, caída del turismo, caída del consumo, caída de la inversión, caída de las exportaciones de manufacturas, caída de ventas, precio y reservas de petróleo, caída en el envío de remesas de Estados Unidos, aumento del desempleo, aumento de inseguridad, aumento de precios, y lamentablemente en las últimas semanas, actitudes de xenofobia hacia los Mexicanos en el exterior. Tenemos enfrente de nosotros uno de los mayores retos en nuestra historia moderna.

 

Esta “mega crisis” está esperando ser resuelta y no hay quien le entre. Como hemos visto en los últimos años, los temas más importantes y urgentes  en la agenda nacional son pospuestos una y otra vez porque “no hay consensos”, porque “no están dadas las condiciones”,  y a las reformas mochas les llamamos “la mejor reforma posible en este momento”. Ahora mismo hay que agregar una nueva variable, la temporada electoral y en fin, como dijo Genaro Borrego en alguna ocasión “nuestra arquitectura política nos condena a la parálisis”.

 

Y aunque hay antídoto para esa parálisis, no podemos acceder a él, porque está guardado en una bóveda con tres candados –sí, como la Puerta Negra- y esos candados son los tres grandes partidos políticos de México. No pongo en la mesa ninguna novedad con estas líneas. En México desde la segunda mitad del Gobierno de Ernesto Zedillo, el país es de los partidos políticos. Punto.

 

Los legisladores han estado aprobando o rechazando las reformas que convienen a sus partidos, no las que necesita el país. He hablado con senadores, diputados locales y federales, con secretarios de estado y recientemente con algunos candidatos a puestos de elección popular y aunque en corto todos están conscientes de la urgencia de hacer reformas y dar agilidad a los cambios que requerimos, en México los grandes proyectos de reforma los cocina el Poder Legislativo y ellos votan en bloque y alianzas, ignorando las necesidades específicas de cada distrito o estado, según sea el caso.  

 

Los legisladores rinden cuentas a su partido, no a los ciudadanos. ¿Haz recibido alguna vez un informe de las actividades, iniciativas y desempeño tu diputado local o federal? Lo dudo. Todas las personas que trabajamos reportamos sobre nuestros logros y metas a alguien. Incluso quienes trabajan por su cuenta, entregan un producto o servicio a alguien que les ha contratado y de su desempeño dependen nuevos trabajos o ventas. En México el trabajo legislativo se ha consolidado como el único grupo laboral que gana más de ciento cincuenta mil pesos al mes más prestaciones y que no rinde cuentas a nadie, más que a sus patrones, los partidos.

 

Este hartazgo sobre los modos de “trabajar” de nuestros legisladores y algunos funcionarios ha intensificado el debate sobre el voto nulo y resulta interesante ver los argumentos de las partes.

 

Lo agraviados -los partidos- dicen que es un atentado a la democracia, que quienes lo promueven están debilitando el sistema que con tanto esfuerzo –y dinero- logramos construir los Mexicanos en una lucha que tomó décadas. Para combatirlo se han unido en una cruzada contra este movimiento mostrando una cohesión que sólo se ve cuando van a otorgarse a sí mismos prerrogativas y privilegios a manera de prebendas.

 

El árbitro –el IFE- dice que no puede apoyar un movimiento que invite a la gente a votar en blanco o nulo. Su mandato constitucional no le permite promover esta causa. Creo en lo personal que el IFE ha mostrado torpeza en el manejo del asunto.

 

Los que lo analizan, apoyan o rechazan entre medios, intelectuales, académicos y líderes de opinión están divididos. Aunque he leído artículos de personas de inteligencia indiscutible, estructurados y con una lógica muy clara sobre por qué no debemos anular nuestro voto, no he encontrado ninguno que resuelva una hipotética situación que a continuación plantearé:

 

Este 5 de julio me presento en mi casilla a votar y veo que mis opciones para diputado federal son:

 

·      Fidel Castro

·      Evo Morales

·      Hugo Chávez

·      Carlos Salinas

·      Daniel Ortega

 

 ¿De qué manera no escoger a ninguno de ellos atenta contra la democracia? Al ver esta boleta decidí que ninguno me gusta y lo manifesté tachándolos a todos.

 

Hay intelectuales, políticos y escritores de renombre que dicen que es una idiotez ir a votar nulo. Como pagar para ir al cine y taparte los ojos en la función. ¿Por qué me convierto en un idiota por no gustarme ninguna de las opciones de arriba? No me gusta el azul, el amarillo, el rojo ni el verde, me gusta el púrpura y no viene en la boleta. Curiosamente en mi querido León, el PAN por primera vez en seis años tiene un buen candidato para la alcaldía. El asunto es que el PAN “PAN”, el que gobierna, no lo postuló. Él buscó y ganó la candidatura. Las divisiones dentro de los tres grandes partidos nos dan como resultado dos Panes, tres o cuatro Pris e incontables Perredes, pero ése será tema de otro escrito.

 

Al final -estoy de acuerdo- el voto nulo favorecerá a los partidos, pues en México no se requiere un porcentaje mínimo del padrón para acceder a un puesto de elección popular. Aquí hay voto directo y universal y el que sume más –aunque sean pocos- gana. Hay un segmento en el electorado llamado “voto duro” que aunque su partido postule a Bin Laden, ese grupo votará por él sin dudarlo y eso les bastará para consolidar sus posiciones.

 

La respuesta a quienes con peras y manzanas nos explican por qué es un absurdo el voto nulo y por qué los partidos saldrán victoriosos como resultado de este movimiento es la siguiente: el problema aquí no es de aritmética, al menos yo entiendo de sumas y restas y sé que los partidos seguirán reinando en México durante los siguientes años. Aquí lo que digan Roy Campos y De las Heras no importa. Esto es un gesto. Es como darle una moneda a un anciano en la calle que no lo sacará de la pobreza en la que vive, pero que por lo menos le resolverá la comida del día y le dará ánimo y fuerza para seguir consiguiendo sustento. Es pequeño, si, insignificante, no. El problema de como se ha manejado el movimiento del voto blanco o nulo es que carece de propuesta. Ahora mismo es sólo un grito de enojo, pero hay que estructurarlo con propuestas para llegar a un fin.

 

Por ahora basta decir que para quienes la apoyamos, esta causa nace como la de Hidalgo, Juárez, Madero, Gómez Morín y otros que decidieron levantarse en contra del status quo. Todos ellos fueron considerados en su época como soñadores, idiotas, y rebeldes. El tiempo les dio la razón.


Para finalizar, debemos recordar que los cambios en México tardan. Nos tomó casi 300 años lograr nuestra independencia, medio siglo y la pérdida de medio país el definirnos como nación, luego más cambios duros, una dictadura de 30 años, una guerra civil y luego otra dictadura de 70 años. Ahora ha comenzado otra etapa de oligarquía, nada más que esta vez de partidos y grupos de poder económico. Si la historia no nos falla, en algún punto -10, 20, ó 40 años- consolidaremos una verdadera democracia, en la que cualquier ciudadano pueda postularse a un puesto de elección y no tengamos que compartir la ideología de uno de mis cinco hipotéticos candidatos. Si se cambió la Constitución para que Fox pudiera ser presidente, ¿por qué no cambiarla para darle verdadero poder a los ciudadanos y no a los partidos y a sus cúpulas? Debemos buscar incentivos para que los diputados y senadores trabajen para nosotros y no para sus “patrones”. La reelección legislativa podría ser el inicio del debate. La pelota está del lado de los legisladores y partidos políticos y la negociación se ve complicada: ¿Quién quiere que le bajen el sueldo, que le quiten privilegios y que le resten poder? Definitivamente ellos no.

 

 

Roberto Pesquera Vargas

 

Contador Público, ITESM Campus León.

Maestro en Economía, Universidad Autónoma de Madrid.

Candidato a Maestro (2010) en Administración Pública, Columbia University.