De las muchas batallas que hay que librar en el país, la presente administración decidió pelear la de la inseguridad y crimen organizado. Las batallas contra los monopolios, sindicatos corruptos, pobreza, y otras tantas que le urgen al país quedan en lista de espera para la siguiente administración o para cuando “se den las condiciones” para emprenderlas. A favor del gobierno es justo decir que no son batallas sencillas. Todas requieren violentar los cotos privados de grupos de interés poderosísimos. A mí en lo personal no me sorprende que el presidente Calderón haya decidido combatir al crimen organizado antes que al SNTE. Imaginen el poder con el que cuentan Gordillo y los grupos de poder del país que el presidente ha optado por combatir a delincuentes mejor armados que nuestras policías y ejército antes que tocar a Elba Esther, a Slim y a otras figuras a quienes lejos de tener en la mira, los ha hecho aliados.
Y como el gobierno ha “subrogado” por completo las políticas públicas en materia de educación a la maestra Gordillo, parece que en el corto plazo será imposible impulsar cualquier reforma que mejore la calidad de la educación en México.
Me permito presentar en dos escritos, dos propuestas que podrían contribuir a mejorar la calidad de la educación superior en México. Una corresponde al ámbito de la educación privada, y el otro a la pública. En este primer trabajo abordaré la propuesta en el ámbito de la educación superior privada.
A pesar de lo que muchos digan, es indiscutible que la mejor educación del mundo se imparte en Estados Unidos. Hay algunas universidades europeas –inglesas principalmente- que se colocan también en los primeros lugares de las listas, pero como norma, las mejores universidades del planeta están al norte del Río Bravo.
Haber egresado de Harvard, Stanford, Yale, Columbia, Cornell, Princeton, Georgetown, la Universidad de Chicago, UCLA o M.I.T., por ejemplo, cambia la perspectiva de vida de quienes tuvieron ese privilegio. Quien recibe la carta de aceptación de alguna de estas escuelas recibe una llave que le abrirá puertas a lo largo de su vida profesional y que le brindará, casi por definición, más oportunidades que a otros jóvenes que no lograron colarse al circuito de las mejores universidades de Estados Unidos. En México en cambio, egresar del Tec, de la Ibero, de la UDLA, del ITESO, de la Salle o del ITAM, sólo significa que la vida será menos dura, pero no es sinónimo de éxito profesional de por vida.
En mi opinión, hay tres factores en común presentes en las mejores universidades del mundo:
2. Tienen a los mejores alumnos y
3. Tienen a los mejores maestros.
Es en éste último punto por donde va la propuesta, pues aunque hay numerosas estrategias para conseguir grandes donativos y alumnos de primera, los mejores maestros se consiguen con dinero, no hay que buscarle más. El problema radica en que los profesores universitarios en niveles de excelencia en México -con amplio reconocimiento nacional, internacional o de su gremio profesional- son muy pocos y están en muy pocos lugares. El ITAM como excepción y gracias a su tamaño, tiene proporcionalmente a sus alumnos a la mayoría de ellos, el Tec de Monterrey tiene algunos en sus campus grandes (Monterrey, EdoMex y D.F.), y la Ibero los tiene en la Ciudad de México. En el resto de los campus de estas instituciones y de otras universidades privadas regionales hay muy pocos maestros Triple A.
Al mejor profesor universitario lo hacen su experiencia y sus grados académicos. En mi opinión, la experiencia siempre dominará sobre los grados académicos, salvo algunas especialidades de la medicina, las ciencias y la ingeniería.
Sin generalizar ni menospreciar el nivel académico de muchos de los profes de nuestras universidades privadas hay que decir sin tapujos que la docencia fue para muchos de ellos, más que vocación, la opción laboral que tuvieron en su momento. Por eso vemos en algunas universidades impartiendo cátedra a profesores que no han trabajado, que han trabajado poco o que han trabajado muchos años sin experiencia relevante.
El problema que enfrentan las universidades es que contratar profesores con grados académicos es relativamente barato, contratar experiencia no. Es fácil contratar a un MBA recién egresado del EGADE o del IPADE para que imparta marketing en cualquier universidad, pero resulta complicadísimo –esto es, carísimo- traer a un director o ex director de mercadotecnia de la Coca-Cola o de la Nestlé con 10 ó 12 años de experiencia para impartir cátedra . Traer a un profesor con grados y experiencia es un lujo.
Hay una terrible miopía para enfrentar este problema. Hablamos mucho de “la fuga de cerebros”, de los estudiantes y profesionales mexicanos que se van al extranjero y que no regresan porque aquí los sueldos son una broma. ¿Pero qué hay de los cerebros que viven en México y que desean ir a las aulas a compartir su experiencia con nuestros jóvenes?
Esos no son cerebros fugados, son cerebros refugiados, que después de trabajar en el mundo corporativo o en la administración pública se refugian en alguna firma de consultoría o en proyectos personales –algunos de baja monta- porque las universidades simple y sencillamente no les pueden pagar sueldos que les permitan mantener el nivel de vida que gozaban en sus empleos anteriores.
Ahí están ex-secretarios de estado, ex-alcaldes, ex-diplomáticos, ex-directores de bancos, ingenieros, científicos, ex-funcionarios de altísimo nivel, ex-procuradores, ex-legisladores, ex-lo que se les ocurra. Son cerebros refugiados.
Una posible solución para atraer a estos cerebros a las aulas podría ser mediante la implementación de mecanismos que ya se usan en Estados Unidos para contratar profesores súper estrella. Por ejemplo, en mayo pasado todos los alumnos de Columbia recibimos un correo electrónico del Presidente de la Universidad Lee Bollinger informándonos de la contratación de Kofi Annan, Ex Secretario General de la ONU quien se integrará a SIPA (School of International and Public Affairs) a partir del próximo Septiembre. Al final de su mensaje agradecía a los benefactores que hicieron posible su contratación, esto es, a los que le pagarán su sueldo (“We are grateful to the generous donors who make it possible for us to create such fellowship opportunities for world leaders to be a part of the Columbia experience”). Aunque no nombró a los benefactores, es muy probable que Kofi Annan sea presentado más adelante como “Kofi Annan, Dupont Professor of Human Rights” o “Kofi Annan, Rockeffeler Professor of Conflict Resolution” o con cualquier otra marca o apellidos de quien lo esté patrocinando.
Aquí suceden varias cosas al mismo tiempo. Primero, la persona o institución que patrocina el sueldo de este súper profe, obtiene el reconocimiento de la sociedad al abrir la posibilidad de que Kofi Annan se vaya a trabajar a una universidad a compartir sus experiencias en lugar de que se vaya a trabajar para algún grupo de cabildeo en Washington o Suiza. Segundo, el profesor que es contratado mediante algún benefactor, aparte del sueldo, recibe una distinción natural al nombramiento que va rodeada del reconocimiento y jerarquía que sólo unos pocos profesores tienen. Tercero, las universidades que cuentan con estas figuras en automático reciben más donativos y aplicaciones de admisión que otras que no los tienen.
Para la implementación de este sistema en México veo dos problemas principalmente. Primero, a las universidades no les va a gustar que les quiten donativos para pagar directamente a profesores “elite” o no les va a gustar que les digan cómo gastar el donativo que están recibiendo. Segundo, al principio habrá resistencia y rechazo por parte de algunos de los profesores actuales al ver que llega un nuevo colega ganando dos o tres veces más que ellos. Este último problema, bien canalizado, puede convertirse en un incentivo para que busquen más experiencia o grados académicos que les permitan acceder a ese distinguido club.
Criticamos mucho que a los políticos les cuesta generar proyectos innovadores e implementarlos en poco tiempo. Vamos proponiendo este pequeño cambio como sociedad a un sector en el que no hay intereses oficiales. Si conoces a algún consejero de alguna universidad privada, háblale de esta propuesta. Lo mismo a padres de familia, directivos de escuelas y a personas e instituciones que sean benefactoras de la educación. Veamos qué tan atrevidos somos para probar en México algo que ya ha funcionado en otros lugares.
La próxima semana la propuesta para la educación superior pública.
p.d. La única manera en que votaría por el Partido Verde es que se comprometieran a aplicarse la pena de muerte a sí mismos si no cumplen sus promesas de campaña. Están abusando de un sector de la población agraviado por la violencia prometiendo cosas que simplemente no podrán cumplir. Son ridículos.
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